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Pascual Serrano
La Epoca
El
gobierno cubano insiste en numerosas ocasiones en explicar a
la comunidad internacional el carácter criminal e ilegal del
bloqueo al que es sometido su país por la administración
estadounidense. Con más o menos suerte, se puede lograr que
se conozca esa realidad y se comparta o no la interpretación
de Cuba, que cuantifica ese bloqueo en pérdidas por valor de
89.000 millones de dólares. Sin embargo, acontecimientos
como la tragedia de los huracanes Gustav e Ike, pueden
ayudar a comprender la maldad escondida detrás de las
medidas estadounidenses.
Algunos
medios de comunicación titulaban recientemente que
Cuba rechazaba el ofrecimiento
de ayuda de EEUU, sin precisar que no puede haber
ninguna propuesta de ayuda humanitaria desde Estados Unidos
a Cuba si se mantienen, tal y como establece el Grupo de
Trabajo para la Aplicación de Sanciones a Cuba, multas de
250.000 dólares al ciudadano cubanoestadounidense que envíe
dinero a su familia en Cuba para que arregle el tejado de su
vivienda tras el ciclón o viaje a visitarle incumpliendo el
límite de un viaje cada tres años y sólo si su familia es
padres, abuelos, hijos o hermanos. Ni que decir tiene que
esa multa se aplicará a un ciudadano estadounidense que
quiera enviar a un amigo o conocido ayuda alguna, en dinero
o en especie.
A pesar de
la petición del candidato presidencial demócrata, Barack
Obama, de suspender por "no menos de 90 días" las
restricciones a los viajes y al envío de remesas a la isla,
la secretaria de Estado norteamericana,
Condoleezza Rice, dejó claro el
pasado el domingo desde Marruecos que las prohibiciones
seguirán vigentes.
La
propuesta de ayuda estadounidense establece como condición,
según el documento oficial enviado al gobierno cubano, que
se
“permita que un grupo de
evaluación humanitaria visite Cuba para inspeccionar las
áreas afectadas y evaluar adecuadamente los daños”,
es decir, de inspectores para estudiar la situación, lo que
no deja de ser insultante y humillante. Algo así como si,
ante la petición de un familiar para que le prestemos dinero,
le respondiéramos con una auditoría para conocer en qué se
lo gasta y cuál es su situación económica. La comunidad
internacional no debe olvidar tampoco la misión que
adoptaron los inspectores que llegaron a Iraq en los días
previos a la invasión, quienes se dedicaron a transmitir
valiosa información al ejército estadounidense para poder
precisar sus bombardeos.
Por tanto,
no sólo no existe desde el gobierno de Estados Unidos
intención alguna de ofrecer ayuda humanitaria a Cuba tras la
tragedia que ha dejado millones de pérdidas en viviendas
destruidas y cultivos arrasados, sino que la solidaridad de
los ciudadanos estadounidenses con Cuba sigue siendo un
delito en aquel país.
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