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La
Conferencia de Paz para el Medio Oriente se consideró un
parto con fórceps en el cual Geoge W. Bush y Condoleezza
Rice fungieron de comadrones
Acallados
los sensacionalistas titulares de prensa, desvanecidas las
luces de las cámaras de Televisión y de los flashes
fotográficos, que dejaron constancia de los protocolares
apretones de manos, de las caras sonrientes y los retóricos
discursos, la efímera Conferencia de Paz para el Medio
Oriente, en Annapolis, dejó tras sí la sensación de ser “más
de lo mismo”.
Ensombrecido desde la víspera con nuevos asesinatos de
civiles palestinos por el ejército israelí, y signada por
las manifestaciones de protesta en su contra, el pesimismo,
la desconfianza y la incertidumbre, el cónclave se consideró
un parto con fórceps en el cual Geoge W. Bush y Condoleezza
Rice fungieron de comadrones.
A pesar de
que el mañoso presidente norteamericano y su secretaria de
Estado trataron de insuflarle optimismo a los dubitativos
países árabes y a la comunidad internacional sobre el
“añorado encuentro” con sus profusas declaraciones de que el
premier israelí, Ehud Olmert, y el presidente de la
Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, estaban dispuestos a
concertar la paz, en el apacible retiro de Maryland, tan
alejado del convulso escenario del conflicto, no se produjo
ningún hecho trascendental que permita avizorar el éxito del
empeño.
De
antemano, la exclusión como interlocutor del movimiento de
resistencia palestina Hamas, que, en contradicción con Al
Fatah, ha formado un gobierno paralelo al de la Autoridad
Nacional Palestina en la Franja de Gaza, asiento de un
millón 500 mil palestinos, preludió el limitado alcance de
la reunión, convocada y organizada a iniciativa de Bush.
Sin
acuerdos ni compromisos concretos por parte de Israel, salvo
los de futuros encuentros, sus inciertos resultados
evidenciaron, una vez más, la falta de voluntad política del
Estado sionista para rebasar sus antagónicas posiciones con
los palestinos, restituir sus inalienables derechos y lograr
una solución de paz, justa, global y permanente al
sangriento conflicto.
Desde los
fallidos Acuerdos de Camp David, adoptados en la Conferencia
de Paz para el Oriente Medio, celebrada en Madrid en 1991,
que estableció el principio de “tierra por paz”, y pasando
por los de Oslo, Wye Plantataion y Shar el Sheij, hasta el
presente, larga, infructuosa y frustrante ha sido la ruta de
las negociaciones palestinas con Israel.
Y en esta
nueva Conferencia, Tel Aviv no ha mostrado intención alguna
de devolver los territorios ocupados árabes durante la
Guerra de los Seis Días, ni de levantar el cerco militar
sobre estos, retornar a las fronteras del 4 de junio de
1967, desmantelar sus colonias y el muro de segregación,
liberar a los 11 mil presos palestinos sus cárceles, y
permitir el regreso de sus millones de refugiados.
La
creación de un estado palestino independiente y soberano,
con Jerusalén como capital, no apareció tampoco como tema
crucial de la agenda de la Conferencia de Paz para el
Oriente Medio, limitada a un intercambio inicial de
opiniones para una hipotética solución del prolongado
conflicto.
Solución a
la que puede abrir cauce la inmediata aplicación de las
Resoluciones 181,191 y 242 del Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas, incapaz hasta hoy de ponerlas en práctica
por el poder de veto norteamericano.
Pero,
además, el gobierno de Israel insiste en su reconocimiento
como estado exclusivamente judío en el que los ciudadanos no
judíos -el 25% de la población israelí- serían tratados como
ciudadanos de segunda clase.
Bush, que
por sus descalabros en las guerras de Afganistán e Iraq, no
ha podido mostrar ningún éxito en su política exterior, se
empleó a fondo en renovar los contactos entre israelíes y
palestinos estancados por siete años, el mismo tiempo
durante el cual ha ocupado la presidencia de Estados Unidos.
De hecho,
éste es el primer intento que el hipócrita presidente
norteamericano lleva a cabo “en favor de la paz en el
Oriente Medio”, para restaurar su maltrecha imagen y
proclamarse paladín de un acuerdo israelo-palestino, muy
lejos aún de fructificar por estar atrapado entre la rama de
olivo y el fusil.
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