Expectativas e incertidumbre en el País de los
Cedros
El vendaval de la inestabilidad política continúa
azotando al País de los Cedros, que no ha logrado
aún elegir a su nuevo presidente a causa de las
rivalidades entre las diversas fuerzas,
confesionales o no, que pugnan por la alcanzar el
poder, y el clima de violencia y atentados
terroristas prevalecientes en el pequeño estado
árabe.
La posposición hasta fines de octubre de la elección
presidencial por el Parlamento, abortada por la
falta de quórum, introduce un nuevo elemento de
incertidumbre en la nación, tampoco recuperada ni
económica ni socialmente de la devastadora agresión
militar de Israel en julio del 2006.
La no asistencia de los dos tercios de los diputados
a la sesión parlamentaria para elegir al presidente
libanés creó un mayor estado de turbulencia, al ser
considerada boicot o “una declaración de guerra”
como la calificó el jefe de la oposición cristiana y
también candidato a la jefatura del Estado, el
general Michael Aoun.
La imposibilidad en esta ocasión de elegir por
consenso al nuevo presidente del país, que debe
sustituir a Emile Lahoud, cuyo mandato expira el 24
de noviembre, fue aprovechada por los diputados de
la mayoría para considerar la sesión suspendida como
“la primera vuelta electoral” y declararon que en la
futura sesión se procedería la elección por mayoría
simple. Esto agudizará la candente situación
política existente entre los partidarios de un
gobierno que preserve las relaciones con Siria y los
que abogan por un acercamiento mayor a Estados
Unidos y a la Unión Europea, dicotomía que no es el
único factor de la rivalidad debido a la histórica
estructura confesional cristiana, sunita y chiíta
del gobierno del estado árabe.
La convulsa sesión del Parlamento, la primera desde
noviembre del 2006, fecha de la renuncia colectiva
de los ministros de la oposición que sumió al país
en una grave crisis, se produjo en medio de un
dispositivo de seguridad excepcional y de
manifestaciones de condena a los asesinatos de
diputados antisirios, el último de ellos el de
Antoine Ghanem, fallecido en un atentado en Beirut,
lo que radicalizó de inmediato las diferentes
posiciones.
Según analistas, las perspectivas de una solución de
compromiso parecen claramente dañadas, aunque no
precisan hasta qué punto están dispuestas la mayoría
y la oposición a una hipotética confrontación de
fuerza, que parece postergarse por quienes reclaman
lograr “un consenso sin violencias” que abriría
cauce a la posibilidad a una parálisis
institucional. Esta pudiera derivar hacia una guerra
civil, evitada por todos y que nadie quiere asumir
la responsabilidad de iniciar.
La terminación del conflicto armado con el grupo de
Fatah Al Islam en el campamento de refugiados
palestinos de Nar Al Bared, en el norte del Líbano,
en el cual el ejército nacional mantuvo por vez
primera un papel protagónico, si bien ha reducido un
tanto la presión de la caldera no es suficiente
garantía para que la violencia descienda al mínimo y
permita al país, también en una aguda recesión
económica, elegir en paz y sosiego a su nuevo
presidente.