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 La paz sionista, un proyecto colonial para Palestina

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

El anuncio de la construcción de nuevas colonias israelíes en Cisjordania es otro escarnio a las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), y el mayor mentís al compromiso asumido por el premier sionista Ehud Olmert

El anuncio de la construcción de nuevas colonias israelíes en Cisjordania es otro escarnio a las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), y el mayor mentís al compromiso asumido por el premier sionista Ehud Olmert, en noviembre del 2007, de paralizar la expansión de estos ilegales asentamientos en los territorios árabes ocupados.

 

Desde 1948 la voracidad geopolítica de Tel Aviv no reconoce límites.

 

No solo ha sembrado el terror, la desolación y la muerte entre la población civil palestina, sino que ha cambiado la geografía y demografía de sus históricos lugares de origen, mediante guerras de rapiña y la usurpación de territorios árabes.

 

La construcción y expansión de estos asentamientos, que Israel también se comprometió a paralizar en el 2003, al aceptar el plan de paz de la denominada Hoja de Ruta, es uno de los principales obstáculos a la solución del conflicto del Oriente Medio, y a la constitución de un Estado palestino independiente, que la fracasada Conferencia de Annápolis del pasado año tampoco logró materializar.

 

A pesar del controvertido diálogo con la ANP, las autoridades israelíes aprobaron en los últimos meses la construcción de edificaciones en Jerusalén Este —densamente poblada por palestinos— y en colonias próximas a la urbe, a la vez que levantaban mil 800 nuevas casas en el asentamiento de Har Homá y en Pisgat Zeev, dos barrios ubicados en territorio de Cisjordania, y próximos a la internacionalizada ciudad santa de Jerusalén.

 

El carácter expansionista, colonialista y racista de Israel se evidenció aun antes de su fundación en mayo de 1948, pues desde finales del siglo XIX estaba explícito en los conceptos geófagos de los ideólogos y fundadores del sionismo mundial.

 

La Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, del 29 de noviembre de 1947 que determinó la arbitraria e injusta partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro hebreo, concedió a Israel 14 mil 942 kilómetros cuadrados, el 56,47% del total de los 25 mil 532 kilómetros cuadrados de las tierras árabes, que representaban el 94,33% de la superficie palestina, en la cual se asentaba un millón 380 mil ciudadanos de origen árabe y 500 mil judíos.


Veinte años después, tras la Guerra de los Seis Días lanzada por Israel en 1967, con el apoyo militar de Estados Unidos, el Estado sionista expandió sus fronteras. La totalidad de todos los territorios árabes ocupados entonces superó los 60 mil kilómetros cuadrados, o sea, cuatro veces más de la superficie que le fuera concedida por la Resolución 181.

 

En la actualidad cerca de 210 asentamientos ilegales integrados por más de 480 mil de estos colonos, se expanden como lava volcánica por toda Cisjordania y constituyen un permanente foco de conflicto y enfrentamientos con la población autóctona palestina.

 

Datos del Departamento Central de Estadísticas Palestino indican el 3,7% de crecimiento de colonos israelíes en el 2007, cuya cifra total ascendió a 483 mil 453 comparado a los 466 mil 005 colonos que residían en territorios palestinos a finales del año 2006.

 

Represor criminal de las airadas manifestaciones de protestas palestinas, y sordo al reclamo mundial, el gobierno sionista continúa erigiendo el muro del apartheid de 10 metros de alto y 273 kilómetros de extensión iniciado en el 2002, que divide a Cisjordania, y que fue declarado ilegal hace cuatro años por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

 

Desde los fallidos Acuerdos adoptados en la Conferencia de Paz para el Oriente Medio, celebrada en Madrid en 1991, que estableció el principio de “tierra por paz”, y pasando por los de Camp David, Oslo, Wye  Plantation, Shar el Sheij y Annápolis, larga, infructuosa y frustrante ha sido la ruta de las negociaciones palestinas con Israel.

 

Con la protección del gobierno de Estados Unidos y la inefectividad del Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por el injustificable veto norteamericano, Israel continúa perpetrando impunemente el exterminio genocida del pueblo palestino y la colonización de sus territorios.

 

Es la manera en que el sionismo concibe realizar su secular sueño de construir el “Gran Israel”, desde el Éufrates hasta el Nilo. 

(Trabajadores) 11-08-2008


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