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La otra guerra perdida por Bush
Negado a
aceptar el fracaso en la guerra contra Afganistán el
desgobierno de George W. Bush intenta revitalizar la campaña
militar en esta pequeña nación del Asia Central y exige de
sus aliados en la coalición belicista incrementar sus
efectivos para que lo ayuden a “sacar las castañas del
fuego”.
Desde el
pasado año, Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN ejercen
grandes presiones sobre los demás países involucrados en el
conflicto para que aumenten sus tropas en Afganistán y
participen en las operaciones militares en el sur, donde los
talibanes se han hecho fuertes y dominan importantes
reductos.
Casi ocho
años después del 7 de octubre del 2001, inicio de la
“campaña mundial contra el terrorismo” y la Operación
Libertad Duradera, Washington no ha podido aniquilar a los
insurgentes ni a sus líderes, ni capturar a Osama Bin Laden.
Las
reorganizadas fuerzas del Taliban libran violentos combates
en el sur afgano, cuya abrupta geografía convierte sus
refugios en sitios casi inexpugnables para las tropas
invasoras, mientras en Kabul, y en otras ciudades, la
violencia y los atentados dinamiteros se incrementan
diariamente.
Cifras
oficiales señalan que con la muerte de seis mil civiles
afganos, la de 107 soldados norteamericanos y 110 de las
naciones aliadas, el 2007 resultó el año más mortífero desde
el inicio de la invasión, fundamentalmente para la sufrida
población del país de unos 25 millones de habitantes.
Ante el
deterioro constante de la situación y la inefectividad para
controlarla por la Fuerza Internacional de Asistencia a la
Seguridad, coordinada por la OTAN (FIAS), formada por 42 mil
soldados de 37 países, Bush reclama de sus aliados cumplir
sus compromisos e involucrarse más en las operaciones
militares.
La
secretaria de Estado norteamericana, Condoleeza Rice, es la
encargada de “pasar la factura afgana” a los que han tratado
de “zafar el cuerpo” a las belicosas presiones de la Casa
Blanca.
El caso
más reciente es el de Alemania que, tras una reiterada
negativa a aumentar su contingente militar, acaba de
anunciar el envío de su primera unidad de combate a
Afganistán, integrada por 200 militares, aunque insiste en
que no mandará tropas al sur del país.
Ese
refuerzo, que hará un total de 3 mil 500 soldados alemanes,
sustituirá al contingente militar noruego que cuenta con 250
emplazados en la zona desde el 2006.
Sin
embargo, Canadá anunció que en el 2009 retirará los 2 mil
500 soldados que mantiene desplegados en esa nación islámica.
Afganistán
es hoy un caos de extrema violencia, anarquía e inseguridad,
y su población, víctima de la soberbia imperialista
norteamericana, está sumida en la pobreza, la desolación y
la desesperanza.
Según el
Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) la
expectativa de vida al nacer es de 44, 5 años, el 20 % de
los niños mueren antes de cumplir los cinco años y una mujer
fallece cada 30 minutos por causas relacionadas con el parto
y el embarazo.
El
analfabetismo alcanza al 80 % de una población paupérrima
carente de empleos, viviendas, salubridad, servicios médicos
y seguridad social alguna, mientras los funcionarios venales
y corruptos del gobierno títere de Hamid Karsai, carente de
apoyo popular, se enriquecen con el latrocinio y el
narcotráfico, en el cual participan también los jefes
tribales y los “señores de la guerra”.
Según el
último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la
Droga y el Delito (UNODOC), Afganistán, el mayor productor
de heroína en el mundo, registró el pasado año más del 90 %
de la producción mundial del opio.
Para el
2008, la UNODOC pronostica un aumento de las 70 mil
hectáreas de superficie de cultivo de cannabis -droga de la
cual se obtiene el hachis- registrada el pasado año, y el
mantenimiento de las áreas de cultivo de la amapola
dedicadas a la producción de opio y heroína, para el
multimillonario tráfico de estupefacientes.
Este es el
tipo de “libertad, democracia, pacificación y reconstrucción
del país” que el presidente Bush concedió al pueblo afgano,
tras haberlo “liberado” del terrorismo internacional
mediante una guerra devastadora a la que llamó “Justicia
Divina y Libertad Duradera.” |