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 Líbano-Siria: El mapa de ruta de la unidad árabe

JUAN DUFFLAR AMEL

iternac@trabaja.cip.cu

El reciente establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre la República Árabe de Siria y la República del Líbano, constituye un hecho histórico sin precedentes

El reciente establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre la República Árabe de Siria y la República del Líbano, constituye un hecho histórico sin precedentes para ambos pueblos y significa un rudo golpe para los intentos divisionistas y los planes geopolíticos de Estados Unidos e Israel en el Oriente Medio.

Este acuerdo materializa el pronunciamiento hecho en agosto pasado, en la cumbre sirio-libanesa, por los presidentes Bachar Al-Assad y Michael Suleimán, sobre la voluntad común de normalizar los vínculos entre los dos países.

Acogida con beneplácito por los pueblos árabes, la decisión oficializa los lazos diplomáticos a nivel de embajadas, inexistentes desde que ambas naciones se independizaron de Francia en la década de 1940.

Suscrito por Waliad Al Moallen y Fawzi Salloiuk, cancilleres de Damasco y Beirut, respectivamente, el acuerdo sustenta esas relaciones sobre la base del “respeto mutuo a la soberanía e independencia de ambos estados y el mantenimiento de relaciones fraternales y distinguidas entre los dos países hermanos, para satisfacer las aspiraciones de sus pueblos”.

La normalización de esas relaciones, nada gratas a Washington y a Tel Aviv, empeñados en desestabilizar al Líbano y convertirlo en punta de lanza contra Siria, es la consecuencia de una larga tradición cultural y étnica común, y de fuertes lazos económicos entre las dos naciones, que bajo el Imperio Otomano permanecieron unidas como una sola hasta 1920, en que resultaron divididas por las autoridades colonialistas francesas.

La más reciente historia de los acontecimientos políticos sirio-libaneses es un compendio de las maniobras desestabilizadoras norteamericanas; de la guerra de agresión desatada por Israel contra el País de los Cedros y de las constantes sanciones y amenazas estadounidenses contra Damasco.

Ellas conforman el largo expediente de la campaña de difamación  orquestada por Washington y Tel Aviv tras el asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en Beirut, en marzo del 2005, con la cual se pretendió involucrar a Siria en el atentado, con el propósito de crear mayores tensiones entre ambos gobiernos y de conspirar contra la estabilidad de la política libanesa.

En ese contexto y mediante presiones norteamericanas, europeas e israelíes y la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del 2 de septiembre del 2005, se produce el retiro de las tropas sirias, asentadas en el Líbano desde 1976 a partir de una decisión tomada por ambos gobiernos, tras el comienzo de la guerra civil en el pequeño país árabe.

Finalizada la contienda en 1990, el Ejército Sirio permaneció en el Líbano como una fuerza de disuasión, mediante un acuerdo con la Liga de Estados Árabes,  el cual estipulaba su retirada gradual.

La injustificada guerra de agresión al Líbano, desatada por Israel con el apoyo de Washington en Julio del 2006, fue la evidencia de las intenciones imperialistas y sionistas de ocupar el país y aniquilar al movimiento de resistencia islámica, Hezbollah, factor principal en la derrota militar y política infligida a la aventura bélica de Tel Aviv y también en el cambio de la situación interna libanesa.

En la otra vertiente, el gobierno del presidente George  W. Bush ha  sostenido una permanente política de hostilidad contra Damasco.

La Casa Blanca y el Departamento de Estado utilizan campañas de difamación, la aplicación de arbitrarias sanciones económicas  y las amenazas de agresión militar a Siria, acusándola de “promover el terrorismo, suministrar apoyo a la resistencia en Iraq, a Hezbollah en el Líbano, a la causa palestina  y de mantener una estrecha alianza con Irán”.

Entre sus últimos recursos desestabilizadores, la CIA presentó al Congreso norteamericano “pruebas”, que según el gobierno de EE. UU. muestran que Siria está involucrada en un proyecto nuclear con fines militares, el mismo falso argumento utilizado contra Irán.

Pero tanto el fracasado presidente Bush, como el corrupto ex primer ministro israelí, Ehud Olmert, abandonarán sus cargos sin poder cumplir sus objetivos de dominación en el Líbano y Siria, exponentes de una mutua voluntad de unidad entre los pueblos árabes.

(Trabajadores) 19-10-2008


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