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Se desvanece el iluso sueño de Bush, de abandonar los ocho
años de su desastroso gobierno con sendas victorias en las
guerras de Afganistán e Iraq
A años luz de poder pronunciar la frase: “Sin novedad en el
frente”, título de la célebre novela homónima antibélica de
Erich María Remarque, Afganistán se ha convertido hoy en
trampa y tumba para sus ocupantes extranjeros.
Los reiterados y urgentes reclamos que durante varios años
el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha
dirigido a sus aliados de la OTAN para incrementar sus
efectivos en la guerra en el pequeño país, prueban los
descalabros que las fuerzas invasoras confrontan en el
escenario del injustificado y cruento conflicto
desencadenado por el ultraderechista mandatario en octubre
del 2001.
En este frente, como en el de Iraq, Washington se empeña en
evitar mayores pérdidas de vidas de soldados norteamericanos
y pretende que sus asociados de la OTÁN se involucren más en
las acciones de guerra y compartan la letal cuota, sin
importarle los miles de muertes pasadas o futuras de civiles
afganos.
Asediados por la extrema violencia y los ataques de la
resistencia taliban, que controla amplias regiones en todo
el abrupto territorio, el inquilino de la Casa Blanca, ya
casi en el “albur de arranque” arrecia las presiones a sus
socios de aventura para que incrementen sus contingentes.
En la actualidad la coalición aliada, denominada Fuerza
Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF),
bajo el comando de la OTAN, está integrada por 47 mil
efectivos, de ellos 34 mil norteamericanos, no precisamente
dedicados a realizar tareas pacificadoras o de
reconstrucción de la devastada nación.
En las últimas semanas han tenido lugar intensos
enfrentamientos de las fuerzas de la coalición con los
rebeldes taliban y diversas emboscadas y atentados
dinamiteros suicidas, en los que han perdido la vida
soldados franceses, canadienses, norteamericanos, británicos
y polacos.
Desde enero último más de 180 soldados extranjeros murieron
en esta nación islámica centroasiática,
Estadísticas del sitio Antiwar.com estiman en 943 el total
de bajas mortales entre las fuerzas ocupantes desde el
inicio de la agresión a Afganistán, de ellas 580 de Estados
Unidos y 363 del resto de los más de 20 países que integran
la coalición.
Ello da la medida de la intensidad de las acciones de
guerra, en las que se reportan también centenares de
víctimas civiles y de combatientes afganos, calificadas las
primeras como “daños colaterales” y las segundas como “bajas
terroristas”.
En el último año, los talibanes han cercado gradualmente a
Kabul y convertido el traslado al sur, oeste o este de la
capital en una operación extremadamente peligrosa para las
tropas invasoras y su personal civil.
Se desvanece el iluso sueño de Bush, “el mayor depredador
del mundo” como él se autodenomina, de abandonar los ocho
años de su desastroso gobierno con sendas victorias en las
guerras de Afganistán e Iraq.
Tendrá que hacer “mutis por el foro”, cargando el fardo de
su rotundo fracaso, de su incapacidad política e
impopularidad, sin haber podido tampoco proferir un “Adiós a
las armas”.
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