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Un intento por desvirtuar la responsabilidad del
gobierno de Bush por su fracaso en Iraq
Juan Dufflar AmelPues bien, ahora resulta que la
responsabilidad por el estrepitoso fracaso de
Estados Unidos en Iraq, y por el de extrema
violencia, inseguridad, e ingobernabilidad imperante
en ese país, no la tiene el gobierno de George W.
Bush, sino, como el totí del refranero popular, el
primer ministro Nuri Al Maliki.
Cuando parecían agotados los argumentos utilizados
por la Casa Blanca para tratar de justificar su
incapacidad de liquidar a la resistencia y pacificar
a la nación árabe, la Nueva Evaluación de
Inteligencia, elaborada por 16 agencias de los
servicios de inteligencia norteamericanos achacan al
“gobierno iraquí”, de ser muy débil, precario, y
fallido en sus intentos de terminar con lo que
denomina la “violencia sectaria”.
El informe de diez páginas, reconoce que a nivel
político no se están registrando avances e insiste
en que los actuales dirigentes, designados por
Washington, siguen siendo incapaces de gobernar con
eficacia.
Pese a criticar la gestión de Al Maliki, los
expertos, que incluyen a los de la CIA y la
inteligencia militar, utilizan en su evaluación
argumentos que sostienen la estrategia de la Casa
Blanca, al considerar que las fuerzas del gobierno
iraquíes no han mejorado los suficiente como para
poder actuar sin la ayuda estadounidense.
Y aunque Bush ha expresado también en público su
frustración por los deficiencias de Al Maliki, ---7
de los 40 ministros de su gobierno han renunciado o
decidido boicotear su Gabinete---, se ha retractado
posteriormente a sabiendas de que si lo reemplazara
estaría reconociendo oficialmente de que el “régimen
democrático” en ese país, es una burda farsa.
En su reciente discurso en Kansas City, Missouri, y
en un giro de 180 grados con relación a sus
anteriores pronunciamientos, Bush definió al jefe
del gobierno iraquí como “un buen tipo, un buen
hombre con un trabajo difícil y al que él apoya”.
Y durante el encuentro sostenido entre de ambos en
Amman le reiteró que las tropas estadounidenses no
serán retiradas “hasta que el trabajo se haya
completado”.
Al serio revés que significa para el mandatario
parte del contenido de este informe, se unen los de
la demanda de John Warner, el senador republicano de
mayor rango en el Comité de las Fuerzas Armadas del
Senado, para que ponga en marcha el regreso de los
soldados norteamericanos de Iraq en el mes de
septiembre, y las severas críticas que concitaron su
desafortunada comparación de esa guerra con la de
Vietnam.
Las desacertadas alegaciones de Bush para justificar
la guerra y la permanencia militar en el país árabe,
a través de comparaciones históricas, generó una
airada polémica en Estados Unidos.
Según el líder demócrata del Senado, Harry Reid, el
intento del presidente de comparar esa guerra con
pasados conflictos militares en Asia Oriental,
ignoró la diferencia fundamental entre ambos.
“La administración Bush, aseveró, ha engañado a
nuestra nación en un esfuerzo por ganar apoyo a la
invasión a Iraq bajo falsos pretextos, e ignora que
ha sido el peor fracaso en política exterior de
Estados Unidos.”
A su vez, el senador John Kerry manifestó que evocar
la tragedia de Vietnam para defender una política
que ha fracasado en la nación árabe, es una
irresponsabilidad y demuestra la ignorancia del
presidente en lo que realmente sucedió”.
Es muy probable que al evocar la tragedia de Vietnam
en su paralelismo con Iraq, el inquilino de la Casa
Blanca no haya tenido en mente la imagen de las
tropas norteamericanas huyendo despavoridas de
Saigón, ante el avance incontenible de las patriotas
vietnamitas.
En 1961, al reconocer su total responsabilidad en el
fracaso de la invasión mercenaria de Playa Girón,
lanzada por su gobierno contra Cuba, el presidente
John F. Kennedy acuñó la frase: la victoria tiene
100 padres, la derrota es huérfana.
Pero la debacle en Iraq, en el criterio de las
agencias de inteligencia de Estados Unidos, se debe
más a la desafortunada conducción de Al Maliki, que
a su verdadero progenitor, George W. Bush.
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