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"Los
palestinos no existen" (Golda Meir, ex primera ministra de
Israel)
Desde el
surgimiento del sionismo y del Estado de Israel, todos sus
fundadores y dirigentes como David Ben Bengurión, su primer
jefe de Gobierno, hasta el actual premier, Elmurt Olmert,
pasando por Golda Meir, Ménahem Begin y Ariel Sharon, han
perseguido sistemáticamente el exterminio de la población
palestina.
Arnold J.
Toynbee, el famoso historiador británico, no estaba
desacertado cuando en su Estudio de la Historia, publicado
en 1953, sobre las brutales manifestaciones del racismo
israelí escribía: “Las repugnantes acciones que los judíos
sionistas llevaron a cabo contra los árabes palestinos son
comparables con los perpetrados por los nazis contra los
judíos”.
Ese
genocidio que ha cobrado la vida de cientos de miles de
hombres, mujeres y niños adquirió formas disímiles: guerras,
masacres, asesinatos, terrorismo y la criminal represión de
la población civil en los territorios palestinos ocupados
por Israel.
Es así que,
además de las diarias incursiones del ejército israelí, las
inhumanas medidas económicas implantadas ahora por el
gobierno sionista contra la Franja de Gaza la convierten en
una plaza sitiada, donde se hacinan más de un millón y medio
de palestinos en una reducida área de 350 kilómetros
cuadrados y en un inmenso campo de concentración al estilo
del nazi, como fueron Auschwitz y Treblinka, durante la II
Guerra Mundial.
Si los
fascistas alemanes utilizaban las cámaras de gas para el
exterminio de millones de seres humanos, los gobernantes de
Tel Aviv emplean otro tipo de arma letal: el hambre.
La Franja
de Gaza, declarada por Israel desde el mes de septiembre
“territorio enemigo”, permanece bajo control del Movimiento
de Resistencia Islámica (Hamas), y sus habitantes afrontan,
a manera de castigo colectivo, la reducción de los
suministros de electricidad y combustible.
Las nuevas
sanciones del gobierno sionista obedecen a la demanda hecha
al Parlamento por Ehud Barak, ex primer ministro y ahora
ministro de Defensa israelí, en cumplimiento de las
exigencias de la cúpula militar hebrea, que pidió también
disminuir al máximo los servicios y la entrada o salida de
bienes de consumo.
El corte
de energía afectará aún más a la sufrida población palestina,
la cual padece la destrucción de la única central eléctrica
de la Franja de Gaza, bombardeada por Israel en junio del
2006.
Esta
situación no es nada proclive a la realización de la
denominada “Conferencia de Paz sobre el Oriente Medio” en
Annápolis, Meryland, auspiciada por Estados Unidos en
conciliábulo con el gobierno de Israel, el cual ni siquiera
se ha comprometido a llevar a la mesa de negociaciones, y
más bien las elude, fórmulas concretas para buscar una
solución al conflicto que contemple la constitución de un
Estado Palestino.
Analistas
y observadores políticos consideran que la Conferencia es
una “cortina de humo” que pretende ofrecer esperanzas a los
palestinos y suficiente ambigüedad a los israelíes como
garantía de que al final no aportarán nada.
De hecho –dicen–
es muy probable que la reunión ni siquiera se lleve a cabo,
por el escepticismo y las incertidumbres de varios estados
árabes por carecer de planes concretos, y las recientes
denuncias del gobierno de Tel Aviv de un extraño complot de
atentado a Ehud Olmert, y de los ataques de los cohetes
Qassam desde el territorio de Gaza hacia el interior de
Israel.
Mientras,
estímulos e inhibiciones mantienen en vilo la celebración o
no de la tal Conferencia de Paz; millón y medio de
palestinos en la Franja de Gaza están amenazados de una
lenta y dolorosa muerte por inanición, como la que
padecieron los prisioneros de Auschwitz, que es con lo único
que hasta el momento se ha comprometido Israel.
¿O es que
Washington y Tel Aviv pretenden traer la paz al Oriente
Medio, a la manera que lo están haciendo en Iraq y Palestina?
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