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De padres desconocidos, José Olallo Valdés nació el 12 de
febrero de 1820 en La Habana. Un mes después fue depositado
en la Casa-Cuna de San José de la Habana, donde el 15 de
marzo del mismo año fue bautizado.
Su voluntad de servir a los enfermos y marginados lo llevó a
entrar en la Orden de los Hermanos San Juan de Dios. En
1835, con 15 años, fue destinado al Hospital de San Juan de
Dios de Puerto Príncipe (hoy Camagüey), para completar su
formación religiosa y profesional.
Allí afrontó valerosamente muchas de las grandes epidemias
que azotaron la ciudad en su tiempo, la última de las cuales
fue la viruela que diezmó a Puerto Príncipe a fines de 1888.
Como tenía una sólida formación en medicina, pudo en más de
una ocasión, hacer de cirujano y farmacéutico.
El 12 de mayo de 1873, al llegar el cadáver del Mayor
General Ignacio Agramonte a la Plaza situada frente al
hospital, el P. Olallo desafiando a los soldados españoles
lo recogió del suelo, solicitó conducirlo en camilla y lavó
los restos mortales del insigne patriota.
Fray Olallo falleció el 7 de marzo de 1889, en su humilde
celda del hospital, después de estar algún tiempo enfermo y
casi sin fuerzas, pero sin haber abandonado sus labores.
En 1901, el Ayuntamiento de la ciudad dispuso que a la Calle
de los Pobres y a la Plaza de San Juan de Dios se les
cambiaran sus respectivos nombres por el de padre Olallo. En
la actualidad lleva su nombre la mencionada calle.
El 27 de noviembre del año 1999, la Orden Hospitalaria de
los Hermanos de San Juan de Dios fundó en la ciudad de
Camagüey, el Hogar para Ancianos Padre Olallo.
El 8 de marzo del año 2004 se trasladaron sus restos desde
el Cementerio General de la provincia de Camagüey, hacia la
iglesia de San Juan de Dios, donde laboró durante 54 años en
el siglo XIX.
Granma 28-11-2008 |
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María Delys Cruz Palenzuela
Apuntaba Abel Marrero Campanioni en su libro Tradiciones
camagüeyanas, que al amanecer del 12 de mayo de 1873,
irrumpe en la Plaza de San Juan de Dios una columna española
para dejar en el Hospital un número de heridos, y un cadáver
atravesado al lomo de una bestia.
Continúa la descripción que dos soldados desataron las sogas
y de inmediato cayó el cadáver en medio de la Plaza, a la
vista de todos, con el rostro cubierto de lodo por haber
sido conducido doblado en dos, y estar los caminos llenos de
agua por las lluvias de mayo.
"Al conocer aquel sacrilegio, el Padre Olallo ordenó una
camilla y fue conducido al pasillo del Hospital, lugar donde
se ha señalado con una tarja este hecho; allí, sacando su
propio pañuelo de su bolsillo, limpió el rostro
ensangrentado y enlodado del más grande de los camagüeyanos
(¼ )".
Narra también el nieto de El Mayor, Eugenio Betancourt en su
libro Ignacio Agramonte y la Revolución cubana que
Fray Olallo Valdés, en compañía del Padre Manuel Martínez,
lavaron el rostro del patriota con aguardiente y tendieron
el cadáver en el interior del Hospital de San Juan de Dios,
a la vista pública; corroboró el acta del inspector Antonio
Olarte, insertada en el citado texto, que encontró al
cadáver de Agramonte "(¼ ) colocado en unas andas de madera
teñidas de negro, boca arriba, con las piernas y los brazos
extendidos, y apoyada la cabeza en una almohada (¼ )".
¿Quién
fue este hombre que con tanta humanidad, desafiando la ira
del enemigo español, impidió que se siguiera ultrajando al
querido hijo del Camagüey?
José Olallo Valdés era expósito de la Casa Cuna de La Habana,
donde lo abandonaron con una nota en la que daba constancia
de su nacimiento el 12 de febrero de 1820.
A
los 15 años llegó a Puerto Príncipe como religioso profeso
de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, para reforzar
el hospital de esta ciudad, dada la proximidad de una
epidemia de cólera morbus que azotaba el país.
La instalación se dedicaba a la atención de hombres blancos
pobres, esclavos, negros y pardos libres, confinados
enfermos, remitidos desde prisión, bandoleros heridos o
muertos durante su captura; luego del estallido de la Guerra
del 68 también llegaban allí mambises que caían en manos del
enemigo, casi siempre después de fusilados o asesinados.
Más de medio siglo de su vida consagró este hombre a servir
a los enfermos como Enfermero Mayor, cargo que ocupó casi
desde sus inicios en el Hospital, procuraba el aseo y la
alimentación de los enfermos, a quienes bañaba personalmente
y luego lavaba sus ropas y vendajes en las aguas del
Hatibonico; preparaba los medicamentos, unturas, y
sahumerios, casi todos a base de medicina natural y
tradicional cubana, incluida la homeopatía, en lo que
instruía a los pocos ayudantes con que pudo contar.
Un solo médico era encargado de la asistencia en los tres
hospitales civiles de la ciudad, de ahí que Olallo recibía y
atendía personalmente a los enfermos y heridos que llegaban
al hospital, a quienes en más de una ocasión tuvo que
practicarles cirugía de urgencia para salvar sus vidas.
En una oportunidad, un enfermo preso fue sometido a una
operación por el Padre Olallo, que posteriormente fue
calificada por el Dr. Miguel de Zayas como exitosa.
Los cuidados de este insigne enfermero impidieron que se
dieran casos de gangrena hospitalaria; sin embargo, más de
una vez tuvo que recurrir a las amputaciones en casos que
llegaron a sus manos cuando no quedaba otra solución, pero
en definitiva sobrevivían.
Lepra, mal de sueño, paludismo, tifus, difteria, hidrofobia,
viruela, disentería, tisis, tétanos, fiebre amarilla, la
hambruna, entre otras, fueron sus compañeras jornadas
enteras, casi sin tiempo para el reposo, en vigilia
permanente al lado de los enfermos, sin averiguar si eran
cubanos o españoles, esclavos o libertos.
Siempre encontró un momento para enseñar a leer, escribir y
contar a los niños pobres de la barriada.
Al fallecer el 7 de marzo de 1889, Olallo, quien ya había
trascendido como el Padre de los pobres, sin ser
sacerdote, inspiró en la prensa local expresiones como: "El
Camagüey está de luto. Un pesar inmenso lo apena. Todo el
que tenga corazón de hombre, y sepa lo que significa esta
palabra: gratitud, ha llorado".
Granma 28-11-2008 |
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El Presidente cubano Raúl Castro Ruz, asistió hoy en la
ciudad de Camagüey, Patrimonio Cultural de la Humanidad, a
la ceremonia de beatificación del fraile juanino José Olallo,
primera que se realiza en la nación caribeña.
La misa se realizó en la Plaza de la Libertad, ante la
Iglesia de La Caridad, y contó además con la presencia de
Esteban Lazo, vicepresidente del Consejo de Estado, y
autoridades del gobierno y del Partido Comunista de Cuba, en
la provincia y la localidad.
Monseñor Juan García Rodríguez, Arzobispo de Camagüey,
presentó a Obispos y representaciones de las diócesis de
Cuba y de otros países, y a continuación el Diácono Miguel
Ángel Ortiz, entregó al Presidente Raúl Castro una Biblia
políglota.
El Cardenal José Saraiva, Prefecto emérito de la
Congregación para la Causa de los Santos, y representante
del Papa Benedicto XVI, dio lectura a la Carta Apostólica
donde se declara al nuevo Beato.
Seguidamente el postulador de la causa del Padre Olallo,
sacerdote Félix Lizaso, hermano de la Orden Hospitalaria de
San Juan de Dios presentó una reseña de la vida y obra del
Beato.
Tras develarse una gigantesca imagen del Padre Olallo, sus
restos se llevaron en procesión hasta el altar.
Finalizando la ceremonia William Martin Forkan, Fray Donatus,
Superior General de la Orden Hospitalaria Hermanos de San
Juan de Dios, dedicó palabras de agradecimiento a las
autoridades cubanas y se refirió a la vida consagrada del
Beato.
José Olallo Valdés (1820-1889) fue un humilde joven cubano
que integrado a la Orden de San Juan de Dios, consagró su
vida al cuidado de enfermos y pobres, y renunció al abandono
de su labor cuando el gobierno colonial español en la Isla,
en la segunda mitad del siglo XIX, prohibió la presencia de
las órdenes religiosas.
Olallo fue también, quien lavó con su pañuelo el cuerpo
manchado de sangre y fango del prócer independentista cubano
Mayor General Ignacio Agramonte, cuando su cadáver, vejado
por el enemigo, fue lanzado en la plaza, delante del
Hospital San Juan de Dios de Puerto Príncipe, hoy Camagüey.
(AIN)
Granma
29-11-2008 |
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