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BLOQUEO ECONOMICO, FINANCIERO Y COMERCIAL DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA CONTRA CUBA
(PRIMERA PARTE).
Introducción
Por la
importancia histórica que tiene el conflicto político entre
Cuba y Estados Unidos, provocado por la posición
norteamericana de llevar a cabo una guerra sucia contra la
Revolución, incluimos este capitulo seriado de varios
trabajos con el propósito de narrar aspectos esenciales que
permitan recordar y/o conocer hecho sobre el bloqueo injusto
e ilegal que durante casi cinco décadas ha impuesto Estados
Unidos al pueblo cubano a lo largo de diez diferentes
administraciones.
Es ya el
bloqueo económico más prolongado que se conoce en la
historia y ha costado a la economía de cuba hasta la fecha
más de 89 mil millones de dólares.
En lugar
de aceptar que la Revolución cubana llegó a esa Isla para
quedarse por decisión soberana de su pueblo, Washington
insiste con terquedad y gastos millonarios en su vano
intento de destruirla. La Revolución Cubana esta,
visiblemente, más fuerte que nunca.
Primera Parte
El pueblo cubano ha sufrido por más de cuatro décadas un
bloqueo económico, comercial y financiero que busca doblegar
su resistencia y hacerle renunciar a su derecho a la
soberanía y la independencia. La administración del
presidente George W. Bush ha recrudecido esa política
genocida contra la nación cubana a extremos sin precedentes.
La exigencia de que se ponga fin a esa política, expresada
en los más importantes foros multilaterales en los últimos
tiempos, entre ellos la Segunda Cumbre de los Países del Sur
del Grupo de los 77, la Cumbre de la Asociación de Estados
del Caribe, la Cumbre Iberoamericana, la Cumbre de la
Sociedad de la Información, cada año por una abrumadora
mayoría de los Estados miembros de las Naciones Unidas a
través de sendas resoluciones de su Asamblea General, se
enfrenta a la conducta de abierto desprecio de las
autoridades estadounidenses al Derecho Internacional.
Tal política no sólo pretende asfixiar al pueblo cubano y
afectar sus relaciones con terceros países, también prohíbe
y restringe libertades esenciales para el pueblo
estadounidense, incluso algunas de rango constitucional.
Las nuevas medidas diseñadas por el gobierno estadounidense
en mayo de 2004 y aplicadas casi en un 80% hasta la fecha,
se añadieron y articularon al entramado de leyes y
regulaciones que han conformado y escalado el bloqueo contra
Cuba por más de cuarenta años.
Si bien siempre ha estado claro que las sucesivas
administraciones de los Estados Unidos con la aplicación de
la política criminal del bloqueo han perseguido el objetivo
de destruir a la Revolución Cubana, esta vez, de forma
pública y desvergonzada, el Imperio se ha comprometido con
un plan dirigido a restaurar el capitalismo y reimponer su
dominación sobre la nación cubana, proceso que conllevaría a
la pérdida de los derechos que hoy disfruta el pueblo cubano
como resultado de sus luchas y de las conquistas de su
Revolución.
No existe norma alguna del Derecho Internacional que
justifique el bloqueo en tiempos de paz. Desde 1909, en la
Conferencia Naval de Londres, quedó definido como principio
del derecho internacional que el “bloqueo es un acto de
guerra” y sobre esta base, su empleo es posible únicamente
entre los beligerantes. La Ley norteamericana de Comercio
con el Enemigo, permite al Presidente imponer medidas de
emergencia económica, pero sólo durante tiempo de guerra o
ante la existencia de una amenaza flagrante a los intereses
de seguridad nacional.
Varios instrumentos regionales y multilaterales condenan
estos actos por ser contrarios a la paz y a la seguridad
internacional. Conforme a lo dispuesto en el inciso c) del
artículo II de la Convención de Ginebra para la Prevención y
la Sanción del Delito de Genocidio, de 9 de diciembre de
1948, el bloqueo contra Cuba califica como un acto de
Genocidio.
La absoluta falsedad de las muy diversas excusas que por más
de cuatro décadas han empleado sucesivas administraciones de
los Estados Unidos como pretextos a su guerra económica
contra Cuba, ha quedado demostrada en los propios documentos
oficiales estadounidenses desclasificados en 1991. En los
mismos aparecen testimonios y pruebas irrefutables de que
esa hostilidad antecedió a cualquier medida adoptada por el
Gobierno Revolucionario a partir de 1959.
Los representantes de la dictadura batistiana huyeron a los
Estados Unidos con 424 millones de dólares robados de los
fondos de la República, que fueron depositados en bancos
estadounidenses y que nunca fueron devueltos al pueblo
cubano. Más aún, en 1959, a sólo cinco semanas del triunfo
popular, le fue negado a las nuevas autoridades un modesto
crédito solicitado a los Estados Unidos para mantener la
estabilidad de la moneda nacional.
El Gobierno Revolucionario cubano, adoptó una serie de
legítimas medidas destinadas a recuperar las riquezas del
país y ponerlas al servicio del pueblo. La reacción de los
Estados Unidos fue rápida y agresiva. El 8 de julio de 1959,
para hacer expedita la venganza tras la adopción de la Ley
de Reforma Agraria cubana, el Congreso norteamericano otorgó
al Presidente mayores facultades para suspender la ayuda
extranjera a todo país que confiscara propiedades
norteamericanas.
Una tras otra, se fueron sucediendo las sanciones
unilaterales de los Estados Unidos contra Cuba, con el
objetivo de generar un descalabro en su economía. A la
eliminación de la cuota azucarera cubana (julio/1960), le
siguieron la prohibición de la asistencia a Cuba y el
establecimiento del embargo al comercio (Sección 620/a de la
Ley de Asistencia al Exterior de 1961) y la negativa de las
empresas norteamericanas, por instrucciones de su Gobierno,
a refinar el petróleo soviético que Cuba se vio obligado a
comprar, tras la prohibición que se impusiera a las empresas
norteamericanas de vender combustibles a la Isla.
El 3 de febrero de 1962, el Presidente Kennedy emitió la
Proclama Nº 3447, decretando un embargo total al comercio
con Cuba y orientó al Secretario del Tesoro llevar adelante
las prohibiciones de exportación a nuestro país. Esta
Proclama marca históricamente la institucionalización
pública del bloqueo a Cuba, que, como se ha visto, había
comenzado mucho antes.
Desde fecha tan temprana como el 6 de abril de 1960, un
informe del funcionario del Departamento de Estado, I. D.
Mallory, desclasificado en 1991, destacaba la finalidad
perseguida con las presiones económicas que se gestaban, al
expresar:
(…) “La mayoría de los cubanos apoyan a Castro” (…) “no
existe una oposición política efectiva. El único medio
previsible para enajenar el apoyo interno es a través del
desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y
las dificultades económicas (…) Debe utilizarse prontamente
cualquier medio concebible para debilitar la vida económica
de Cuba (…) Una línea de acción que tuviera el mayor impacto
es negarle dinero y suministros a Cuba, para disminuir los
salarios, reales y monetarios, a fin de causar hambre,
desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
No pretende este documento realizar un análisis histórico
abarcador de las distintas etapas transitadas por la
política genocida de bloqueo estadounidense contra Cuba.
Para comprender la naturaleza criminal, mezquinas
motivaciones y nefastas consecuencias del bloqueo sobre el
disfrute de los derechos humanos del pueblo cubano,
resultaría suficiente presentar algunos apuntes acerca de su
ejecución durante los últimos meses.
El 30 de junio de 2004, entraron en vigor las medidas
incluidas en el Informe de la llamada “Comisión para la
Ayuda a una Cuba Libre”, aprobado por el presidente George
W. Bush el 6 de mayo del propio año. Los cientos de nuevas
acciones incluidas en dicho Informe de más de 450 páginas,
van dirigidas a recrudecer el bloqueo y propiciar las
condiciones que faciliten una intervención estadounidense en
la Isla que les permita imponer un “cambio de régimen”, como
fuera proclamado por el propio presidente de los Estados
Unidos el 20 de mayo de 2004. |