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 50 años de Revolución Cubana-Capítulo X

MANIPULACION POLITICA DE LAS RELACIONES MIGRATORIAS ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS

(SEGUNDA PARTE).

 

La Operación Peter Pan

La obsesión por desestabilizar el país y destruir la Revolución tuvo en los años 60’ uno de sus capítulos más aborrecibles en la llamada “Operación Peter Pan”. A través de la misma, 14 mil niños cubanos fueron separados de sus hogares – utilizando el engaño como herramienta –, y trasladados a Estados Unidos.

Los servicios especiales estadounidenses fabricaron y difundieron profusamente el rumor de que el Gobierno Revolucionario retiraría la patria potestad a los padres con relación a la educación y cuidado de sus hijos. Fue montada y ejecutada con el apoyo del gobierno de Estados Unidos una criminal operación de traslado de niños cubanos hacia su territorio, los que eran forzados a viajar sin la compañía de sus padres.

La Operación Peter Pan constituyó la mayor maniobra de manipulación con fines políticos de niños que se recuerde en el hemisferio occidental y fue también uno de los más tristes episodios en la historia de la emigración cubana hacia Estados Unidos. Muchos de aquellos niños fueron enviados a casas de adopción, orfelinatos, e incluso, a establecimientos penitenciarios para delincuentes juveniles de 35 estados de la Unión.

Los organizadores del maquiavélico plan lograron mantener en secreto por mucho tiempo sus métodos, medios y propósitos, ocultando a la opinión pública toda información en relación con una actividad aparentemente “humanitaria”, en realidad una de las más siniestras operaciones encubiertas y de guerra psicológica ejecutadas por los servicios secretos estadounidenses.

Utilizando para la promoción y propaganda de la operación los servicios de transmisiones ilegales de Radio Swan, emisora del gobierno de Estados Unidos, comenzaron a difundir de manera fraudulenta desde el día 26 de octubre de 1960, fragmentos de una falsa y nunca concebida “ley de Patria Potestad”, supuestamente emitida por el gobierno de La Habana.

Durante varios días se mantuvo a través de la citada emisora y otros medios radiales e impresos al servicio de Estados Unidos, la propaganda dolosa acerca de una eventual expropiación de niños. Se repetían mensajes cuidadosamente fabricados para impactar en las familias cubanas, concitando en algunas el miedo infundado a perderlos.

Monseñor Bryan O. Walsh, párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón, perteneciente entonces a la diócesis de Miami, muy vinculado a sectores recalcitrantes y agresivos de la emigración cubana en esa localidad, fue el organizador público de la Operación Peter Pan.

El padre Walsh, a través de la Catholic Welfare Bureau, creó un equipo de colaboradores y empleados, que se encargaban de visar, recibir en el aeropuerto y distribuir en diferentes establecimientos creados al efecto en la Florida y otras localidades del país, a las pequeñas víctimas de la cruel maniobra migratoria. En un hecho sin precedentes, el Departamento de Estado norteamericano transfirió a una autoridad religiosa la potestad de emitir visas waiver (visas volantes), a todos los niños cubanos entre 6 y 16 años.

Los primeros cinco niños que viajaron a través de la Operación Peter Pan, llegaron a Miami a las 4:30 de la tarde, del 26 de diciembre de 1960, en el vuelo 422 de la Pan American.

Fue dura la experiencia que les tocó enfrentar a esos niños, en muchos casos pequeños todavía, que tuvieron que abandonar su país y sus familias para vivir en condiciones muchas veces adversas. Se reportaron cientos de casos de abusos contra ellos de los tutores y maestros que les fueron asignados. Los testimonios de muchos de ellos, personas adultas hoy, expresan de modo elocuente el sentimiento de soledad y de abandono que sintieron. Muchos llegaron a pensar que sus padres no los querían.

La situación para todos se hizo más difícil después de la Crisis de Octubre en 1962, cuando los funcionarios del gobierno norteamericano decidieron cerrar la emigración para incrementar la presión sobre la isla. Más de la mitad de esos niños sacados del país a través de la Operación Peter Pan, tuvieron que sufrir duros años de separación. Y en algunos casos, sencillamente, fue imposible el reencuentro.

El robo de médicos y profesionales en la década del 60

Durante los años que sucedieron al triunfo revolucionario, las autoridades norteamericanas procuraron sacar del país, como fuese menester, a los médicos, enfermeras, profesores, maestros y otros profesionales universitarios o técnicos de nivel medio, con el objetivo de paralizar la actividad económica y los servicios sociales básicos del país. Prometieron pagar a esas personas al arribar a Estados Unidos, los salarios correspondientes a sus respectivas calificaciones, incomparablemente mayores allí que los equivalentes en una neocolonia recién independizada y a la vez subdesarrollada, pobre y rigurosamente bloqueada. De los 6 mil médicos existentes en Cuba en 1959, 3 mil emigraron a Estados Unidos.

La Ley de Ajuste Cubano

Una de las más claras expresiones de la política migratoria criminal, inmoral y discriminatoria de Estados Unidos contra el pueblo cubano es la llamada Ley de Ajuste Cubano, engendro legislativo adoptado en 1966, con el deliberado propósito de incentivar las salidas ilegales de ciudadanos cubanos hacia ese país. Única de su tipo en el mundo, ofrece a los cubanos que arriben a Estados Unidos de modo irregular e ilegal, privilegios que no reciben ciudadanos de otra nacionalidad ni país.

El tratamiento “preferencial” otorgado a los ciudadanos cubanos, y que los ha distinguido hasta hoy del resto de los extranjeros que arriban a Estados Unidos, adquirió su basamento legal el 2 de noviembre de 1966, fecha en que el presidente Johnson firmó la “Ley de Ajuste Cubano” que establece que: “cualquier extranjero nativo (de Cuba) o ciudadano cubano, que haya sido inspeccionado y admitido o puesto bajo palabra en Estados Unidos después del primero de enero de 1959, y que haya estado presente físicamente al menos durante dos años, puede ser ajustado por el Fiscal General, a su discreción y conforme a las regulaciones que pueda prescribir, a la de extranjero admitido legalmente para residir permanentemente”.

Es decir, la Ley de Ajuste Cubano establece que cualquier cubano que llegue a territorio norteamericano, sin reparar en formas y métodos empleados para ello, y que viva allí durante dos años (después se rebajó a un año, que es lo vigente hoy), puede recibir del Fiscal General (en la práctica las autoridades de inmigración del INS), la condición de Residente Permanente en Estados Unidos.

En virtud de ese malintencionado engendro jurídico y a diferencia de los inmigrantes de otras nacionalidades, cualquier cubano que arribe a suelo estadounidense por cualquier medio, en particular por vías ilegales, obtiene inmediatamente beneficios tales como el reconocimiento de su presencia legal en el territorio, facilidades para ser empleado y el acceso a distintas prestaciones sociales. A lo anterior se une la posibilidad de obtener la residencia legal de modo casi automático al año de su arribo al país.

Esta facultad que se ha dado al Fiscal General –que las autoridades de inmigración aplican–, ha sido empleada desde entonces para admitir en Estados Unidos a todo cubano que llegara a ese país, independientemente de sus antecedentes penales, y extendiendo impunidad a los responsables de graves delitos, muchos de ellos cometidos con el objetivo de alcanzar el territorio estadounidense.

A tenor de esta Ley, Estados Unidos manipula sistemáticamente el otorgamiento de la condición de refugiado, al concederla de modo automático a cada cubano que arriba a su territorio. Se califica como refugiado prima facie a personas cuya motivación para emigrar es totalmente económica.

La Ley de Ajuste Cubano permite a los cubanos al llegar a Estados Unidos recibir de forma inmediata y automática permiso de trabajo, prescindir de la presentación de una declaración jurada de manutención (AFFIDAVIT OF SUPPORT) para recibir su residencia legal, obtener un número de seguridad social, beneficios públicos de alimentación y alojamiento, ajustar su situación migratoria sin necesidad de ir a su país de origen a recibirla –como ocurre con solicitantes de otras nacionalidades–, sin necesitar abogados, ni incurrir en gastos para obtener el beneficio de la residencia permanente.

El Gobierno de Estados Unidos no se limitó a extender los privilegios antes identificados a los cubanos tras el arribo a su territorio, promovió las salidas ilegales del país a través de una profusa propaganda de los “beneficios” que encontrarían los habitantes de la isla al emigrar irregularmente a Estados Unidos. Los propios servicios oficiales de radio y televisión, cuya programación anticubana es financiada y controlada por las autoridades estadounidenses, han servido de aliento a la emigración ilegal desde la Isla. Han presentado a brutales y asesinos secuestradores de embarcaciones y aeronaves como héroes y ocultan los peligros reales que acechan a aquellos que viajan a Estados Unidos en frágiles embarcaciones.

La aplicación oportunista de la llamada Ley de Ajuste Cubano, la falta de medidas eficaces para poner coto a la emigración ilegal y eliminar el contrabando de personas, el estímulo y la impunidad que recibían en Estados Unidos los perpetradores de secuestros armados de embarcaciones y aeronaves, la casi nula ejecución del Acuerdo Migratorio bilateral de 1984 y el impacto brutal del recrudecimiento del genocida bloqueo contra Cuba, en un contexto de abrupta interrupción de las relaciones económicas con el desaparecido campo socialista, fueron los factores esenciales que generaron la denominada “crisis de los balseros” en agosto de 1994, como resultado de la cual emigraron ilegalmente hacia Estados Unidos más de 30 mil personas.

Ese propio año, fueron asumidos nuevos acuerdos migratorios entre Cuba y Estados Unidos. Sin embargo, la continuidad en la aplicación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos o pies mojados” –que se traduce en que aquellos que logran alcanzar el territorio estadounidense no son devueltos a la Isla–, en las condiciones de limitaciones económicas que impone el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, constituye un permanente estímulo a las salidas ilegales del país, para las personas interesadas en emigrar a la potencia del Norte y que no pueden hacerlo por vías legales.

La precariedad y fragilidad de los medios utilizados en las travesías marítimas y los riesgos asociados a operaciones de tráfico de migrantes que se llevan a cabo en embarcaciones procedentes de la Florida, han costado cientos de vidas humanas y ponen en peligro otras muchas en el futuro.

Estados Unidos no podrá establecer el control y la disciplina en sus propias costas mientras exista la “Ley de Ajuste Cubano”,  y mucho menos mientras continúe financiando y perfeccionando las transmisiones radiales y televisivas contra la isla, que llevan a cabo un incesante aliento a las salidas ilegales, como parte de la guerra política y psicológica contra nuestro país.

Como consecuencia de la criminal política de manipulación a los vínculos migratorios y del aliento a las salidas ilegales del país, se produjo el lamentable caso de la desaparición en el mar de la madre, y el posterior secuestro en Miami del niño cubano Elián González.

Sobre las autoridades de Estados Unidos recae enteramente la responsabilidad de que a lo largo de más de tres décadas hayan perecido, o corran todavía el peligro de perder sus vidas numerosos seres humanos, incluso niños, que son incitados a cometer tales aventuras como consecuencia de una política ilegal carente de toda ética y sentido humano.

Embajada de Cuba, Egipto 30-09-2008


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